Actores: Amy Adams, Jeremy Renner, Forest Whitaker
Duración: 116 minutos
País: Estados Unidos
Año: 2016
¿Y si?
¿Y si supieran? si supieran de algún modo, antes de conocerlo, que el amor de su vida, la persona que cambiará su existencia, se irá sin importar lo que hagan, ¿de todos modos la conocerían? ¿Tomarían el riesgo? Destino. Puedo cambiar ese destino si lo conozco, ¿no? ¿Por qué motivo de todos modos lo aceptaría sin dudarlo? Por la fuerza imparable del cariño increíble, verdadero, honesto, esperado, abrumador, omnipotente y eterno. ¡De eso se trata!
¿O no?
Tal vez es sobre los fundamentos de la civilización: el lenguaje, la ciencia. ¿Cuál creen que sea realmente? Yo escribo y tengo mi opinión. Las letras que pongo; los ojos que las entienden. Me comunico. No pasaríamos a nada sin ellas. Pero, ¿acaso no fue necesario el cincel y la piedra para ponerlas y después de eso el papiro, la tinta, la imprenta y, aquí mismo, la computadora y el internet?
¡Ojo!
También está el tiempo. Portentosamente. Pasado, presente o futuro. ¿En dónde estoy? Las apariencias engañan. A propósito. Eso está medido. En una de las formas más inteligentes que jamás he visto. Está Amy Adams como protagonista en una actuación para la historia. Hal no tuvo a un compañero así de bueno. Lingüista de precisión matemática. Humana. Estrella. Bienhechora ante acontecimientos más grandes e increíbles que ella. El más valeroso superhéroe: Madre. Tenemos a un director que hizo una obra impecable. Un científico del arte. Exacto. Tiene un filme de un estilo preciso, de un ensamblaje admirable. Con encuadres geométricos y reminiscentes; momentos que deben de estar después de otros, en ningún otro lado; reparto impoluto; ritmos necesarios; fotografía clara, de tono adecuado; una linda banda sonora usada moderadamente en momentos clave y con soberbias pistas que dejan ver el final de la historia a través de toda la obra. Hay una edición que si fuese menos que perfecta acabaría con todo. Lo logra. Sostiene al edificio de las pretensiones.
Sé verla al revés
La maravilla se basa en un guión digno de estudio. Adaptada de una historia de Ted Chiang llamada "Story of Your Life", recalco sus profundos temas humanos y la forma en que maneja el tiempo narrativo. Ahora resalto que aborda la necesidad de una civilización unida y que parece que llega a la meta que casi nunca nadie alcanza: hace que cada una de sus escenas parezca indispensable. Un rompecabezas de piezas necesarias adornado con diálogos bellos e inteligentes: "Solía pensar que este era el inicio de tu historia", "vuelve a mi", "recuerdo partes en el medio", "mamá y papá hablan con los monstruos", "la memoria es una cosa extraña", "HAGAMOS UN BEBÉ".
¡Aviva!
Aaa-viiiii-vaaaaaaa. Esto aviva la llama del arte. Sorprende al ver que es posible lograr historias que hacen uso de palíndromos donde "ya no crees en historias con principios o finales" unidas a teorías conceptualizadoras de la realidad estilo Sapir-Whorf junto a propósitos extraterrestres futuros ligados al alma y corazón sin problema. Ellos llegan, jamás se irán de mi lado.
¿...como se retrata en esta película? ¿Con hijos muy ocupados en sus trabajos para atender a sus viejos padres, viajes que no resultan tan placenteros como esperábamos, un ritmo vertiginoso que pronto desplaza a las viejas costumbres, futuros prometedores incumplidos o parientes que parecen más interesados en la ropa heredada que dejaron los muertos más que en los muertos mismos?
Esa impresión, me parece, solamente la logra el arte mayúsculo. Uno, al mismo tiempo, universal y personal, que además, no caduca. Mi ignorancia me había ocultado la obra de Yasujirô Ozu hasta que afortunadamente en un ciclo de cine japonés reciente me topé con ella. Sin duda que su ritmo es muy distinto al cine contemporáneo e incluso puede bordear en algo "aburrido" (sí, con tal vez demasiada insolencia debo decirlo), pero eso no me importó porque mientras la veía y una vez que acabé de hacerlo, tenía una sensación que casi nunca alcanzo mediante el séptimo arte. Aquí hay belleza. Humanidad. Melancolía. Resignación. Honestidad. Arte. Además de increíble maestría en los ejecutantes.
Ozu tiene un estilo propio y eso es patente a los pocos minutos del filme. Primero que nada, su cámara es fija, prácticamente nunca se mueve y en ella encuadra imágenes con una organización meticulosa y formas geométricas fácilmente reconocibles que dotan a la composición de una profundidad pocas veces vista. Crea patrones o estructuras. Incluso encuadra a los actores usando la escenografía. Parece obsesivo en su diseño y eso es algo que me gustó mucho. Las cosas están ahí por un motivo. También suele contrastar dos temas de manera visual muy tersamente y la manera en que retrata a las personas hablando es muy inusual: las pone exactamente de frente. En algún lado leí que eso lo hacía para que pareciera que se están confesando. Lo logra. Es una conexión muy directa, casi incómoda. Otra característica distintiva (nótese que ya van varias y que muchos directores nunca desarrollan un estilo reconocible) es que a veces coloca la cámara a la altura del suelo (a esta técnica se le llama tatami shot). Ella y los demás encuadres, me dieron la sensación de cercanía, contemplación y reflexividad (¿nostalgia?), porque además, varias veces pone una escena sin personas y cuando estas sí salen, primero vemos la escenografía y después aparecen los personajes y a veces estos se van y la toma sigue unos segundos más mostrando el lugar.
Otros que son memorables son Chishû Ryû y Setsuko Hara. El primero interpreta a un abuelo (impresionante el dato de que hizo el papel cuando tenía menos de 50 años) que acepta que la vida simplemente pasa, que debe quedar solo y que tiene la dicha de que "no le fue tan mal" (aunque no tan bien como los sueños demandan). Y la segunda interpreta a una nuera que trata mejor a sus suegros que los hijos de estos. Una persona adorable y admirable (¿por qué no hay más gente como ella?).
Bueno pero a todo esto, ¿cuál es la historia? No la había mencionado porque es la parte que menos atención recibe y no es "tan complicada" como una narración actual exigiría de un filme de más de dos horas. Digamos que es sobre unos padres que viven en la provincia japonesa que visitan a sus hijos en Tokio, sus interacciones familiares y una sorpresiva muerte. Es "sencilla" pero muestra magistralmente las complicadas relaciones humanas y un montón de temas y cosas que "así pasan" (¿lamentablemente?).
¿No es la vida decepcionante? pregunta la pequeña Kyoko a la angelical Noriko en uno de los muchos inolvidables momentos. No. Con cosas como Cuentos de Tokio, no lo es.
Actores: Melissa Gutiérrez, Manuel "El Loco" Valdés, Cecilia Suárez
Duración: 108 minutos
País: Francia
Año: 2015
Para los que han crecido y han olvidado, podría parecer otra cosa: una adaptación sin el respeto suficiente de un libro pueril, un innecesario intento de imaginar una segunda parte a una historia conocida u otra simple película de niños. Pero para mí, sencillamente, es una obra maestra. Con la grandiosa profundidad y ternura de su fuente primaria, y además, bella, simbólica, agradable al oído, inteligente y técnicamente impecable en su conformación cinematográfica.
"De pronto comprendí cierto resplandor que rodeaba su presencia misteriosa"
Al contrario de muchas personas, yo no había leído el libro de Antoine de Saint-Exupéry y por algún motivo me imaginaba su obra simple y demasiado infantil, así que no sabía que esperar del filme, no obstante, a los pocos minutos ya se vislumbraba algo especial. De forma visual (como el cine manda) se introduce un mundo monótono, conformista y robótico en donde la mamá de una niña quiere que su hija entre a la escuela más prestigiosa de todas para triunfar en la vida, al parecer, haciendo cuentas; pero no consigue ese deseo al primer intento, de manera que se muda al vecindario donde está dicha academia para echar a andar el plan B, el cuál tiene diseñado, paso a paso, minuto a minuto, todo el verano para conseguir el objetivo. Nada de juegos o distracciones. Sólo que no pensó con el vecino de al lado. En el extravagante domicilio a la izquierda, entre un montón de grises casas idénticas, vive un viejo aviador. Alegre, soñador y asiduo a mirar las estrellas, entabla amistad con su vecinita y le cuenta la historia de lo que una vez le ocurrió cuando estaba perdido en el desierto.
Desde estos primeros momentos varias figuras empiezan a cobrar una relevancia que después las elevarán, a mi parecer, a símbolos. Sutil y elegantemente se desarrolla a través de la obra las imágenes de una rosa, de un zorro, de un avión y sobre todo, de una estrella. Esta última además, va a tener otro toque preciosista, un sonido: el de una risa alegre (tal vez con algo de melancolía). Que una película incluya siquiera uno ya es difícil (ver La Cumbre Escarlata) y ¡aquí tenemos por lo menos cuatro de ellos desarrollados dentro del propio largometraje!
"Esas cosas doradas que hacen soñar a los haraganes"
Además, plasmados en la más pulcra de las animaciones por computadora (en el relato del viejo y la joven) y tiernos y preciosos cuando pasamos a la historia del Principito, ya que esta parte del relato usa animación stop-motion con papel maché (entre otras técnicas). No conforme con tener una parte visual increíble, su banda sonora brilla con delicadeza o ensueño gracias al trabajo de Hans Zimmer, Camille y Richard Harvey (más buenos usos de Lily Allen y Gabrielle Aplin); Cecilia Suárez, "El Loco" Valdés y Melissa Gutiérrez están perfectos en el doblaje y encontramos varias frases memorables como "Crecer no es el problema, olvidar lo es" o
"Lo esencial es invisible a los ojos"
Creo que el principal motivo por el que este tipo de películas es mirada sobre el hombro por los adultos, es que carecen de profundidad (Minions, te estoy viendo) o en mi caso con el Principito, por mi estúpida asociación de su imagen en acuarela con menores de 8 años. Grave prejuicio, porque las ideas de las que goza, nuevamente, no las tiene cualquier creación. ¡Esa cosa es mágico-portentosa-impresionante! Saint-Exupéry estaba tocado por el cielo o era del asteroide B612 o recibió la palabra de Hermes Trismegisto... o algo, porque ¿esa rosa? Un amor que no se cuidó, ¿el zorro? La amistad, ¿el avión? La aventura, ¿la estrella? ¿¡La muerte!? ¿resignación, alegría? ¡algo inolvidable! y ¡queda un montón más! (y cada quién aporta su significado) ¿El Principito? El extranjero que se da cuenta de nuestras limitaciones, manías o engaños; está una serpiente que es un salto a lo desconocido lleno de fe; un hombre de negocios que "no es un hombre sino un champiñón" o un amanecer que no apreciamos lo suficiente para colmarnos de alegría.
Tal vez esa admiración y amor a la obra interfiera en algunas personas cuando vean el filme ya que hacia el final se propone "¿qué hubiese pasado si el Principito hubiese crecido?" y esto no es una adaptación al cien por ciento. Yo creo que la pregunta no interfiere con el original y aquí hace sentido y complementa al relato, pues si la historia del pequeño heredero es prodigiosa, la del viejo y la niña no desmerece en lo absoluto. Un adorable veijillo le enseña a una niña a soñar y le da alegría, amistad y color a su mundo mientras la prepara para enfrentar "el sentimiento de lo irreparable"... a veces hay tanta belleza... en el mundo... y mi corazón... simplemente se va a rendir.
Parafraseando a Saint-Expéry: Es realmente misterioso el país de las lágrimas al que el Principito te puede llevar, sin dudarlo, volvería, y desde el día en que lo vi (y después leí), tal vez, cuando vea el cielo lleno de estrellas y extrañamente escuche una risa, me pondré feliz de haberlo conocido y tendré ganas de reír y las personas creerán que estoy loco, pero yo sabré, que he sido domesticado.